No solo construimos software: lo ponemos a producir. Revisamos lo que ya existe, lo movemos a la nube, lo protegemos y lo mantenemos al día, con el monitoreo y los respaldos que evitan que un problema te llegue como el llamado de un cliente.
Primero entendemos tu sistema y cómo opera tu negocio. Solo después proponemos alcance, plazo y presupuesto.
Sabes exactamente qué entregamos, qué no entra y qué ocurre si el diagnóstico revela algo distinto de lo que esperabas.
Migraciones y despliegues se planifican con ventana acordada y retorno al estado anterior. Si algo falla, volvemos atrás.
Revisamos tu sitio o aplicación como lo revisaría el equipo que tendrá que mantenerlo: cómo está construido, cuánto cuesta cargarlo, qué tan expuesto está y dónde se pierde conversión. Entregamos hallazgos ordenados por impacto, con el detalle técnico suficiente para ejecutarlos o para cotizarlos con otro proveedor.
Diseñamos la infraestructura donde va a vivir tu sistema, atendiendo las tres preguntas que suelen dejarse de lado: qué pasa si un componente falla, cuánto cuesta cuando el uso crece y quién puede entrar a tocarlo. Configuramos en AWS, Oracle Cloud o Azure según dónde te convenga, no según lo que a nosotros nos resulte más cómodo.
Cambiar de servidor o de sistema no tiene por qué significar una parada. Movemos tu infraestructura y tus sistemas antiguos a una arquitectura moderna con ventana planificada, verificación de datos y una ruta de vuelta si algo no sale como esperábamos.
Cada cambio que se hace a mano es un cambio que puede romper producción. Automatizamos el camino entre tu código y tu servidor y cerramos las brechas de seguridad que encontramos, para que publicar una versión deje de ser una apuesta.
Nos hacemos cargo de mantener tu sistema funcionando: despliegues, respaldos, actualizaciones y atención cuando algo falla. No es un correo que responde un freelance: es una operación con responsables, horarios y tiempos de respuesta acordados por escrito.
La mayoría de las operaciones no tienen un problema de software, sino de que los sistemas no se hablan entre sí. Conectamos lo que ya usas para que la información fluya sola y el equipo deje de copiar datos de un lado a otro.
Revisamos el sistema, la operación y los objetivos del negocio. Salen los problemas reales y las oportunidades, ordenados por impacto.
Definimos qué se hace, qué no entra, qué se necesita de tu equipo y cuánto cuesta. Lo que no está escrito, no está cotizado.
Trabajo visible y entregable en bloques cortos. Ves avances funcionando, no un parte de avance durante semanas sin nada que revisar.
Después de la entrega seguimos: monitoreo, respaldos, actualizaciones y mejoras priorizadas por impacto, no por novedad.
No necesariamente. En muchos casos el mejor resultado es reforzar lo que ya tienes: dejamos la operación documentada, los accesos ordenados y el monitoreo funcionando, y tu equipo queda autónomo. Solo asumimos la operación completa cuando tiene sentido para el negocio.
No. El ahorro depende de cómo se usa hoy la infraestructura y de qué se decide mover. Por eso el diagnóstico incluye una comparación de costos antes de recomendar la nube. Si quedarte donde estás es más barato, te lo decimos.
A veces sí, y no porque esté mal, sino porque algo está costando tiempo, dinero o riesgo. Definimos qué ya funciona bien y qué no, y limitamos el alcance a lo que aporta valor: rendimiento, seguridad, respaldo y operación.
Como operación, no por cantidad de tickets: por volumen de servicio, cobertura y nivel de respuesta acordado. La propuesta define qué incluye cada plan, qué se cobra aparte y qué pasa con solicitudes fuera de horario. También se puede contratar por un periodo concreto, como una alta de temporada.
Sí, siempre que la operación justifique el trabajo. Para una empresa de veinte personas sin sistema en producción, lo útil probablemente no sea un soporte mensual, sino un desarrollo o una auditoría de alcance corto. Eso también te lo decimos en la primera conversación.